Dentro del siglo XX la escultura encontró un nuevo campo donde engrandecer sus propiedades: la fotografía. Ésta será ahora la más empática de las bellas artes; hasta su invención, la escultura constituía la alusión más obvia a la realidad humana por sus características espaciales. En obras como la de Man Ray, ambos atributos se iluminan mutuamente, como juego formal y como alusión psíquica, gracias al marco restrictivo de la imagen. Ahora el cuerpo humano tiene condición de escultura, algo que posteriormente desarrollará el body art y otros estilos más centrados en el arte conceptual de la imagen. El arte de la cámara, habitante de las dos dimensiones, estaba destinado a inspirarse en la pintura, pero dada su ceguera ante el color, constituyente básico de la pintura, la fotografía acogería mejor la volumetría de la escultura y su naturaleza poliédrica de infinitos puntos de vista. Tenemos un arte dentro de otro; la ...